Yacía un ciervo enfermo en una
esquina de su terreno de pastos.
Llegaron entonces sus amigos en
gran número a preguntar por su salud, y mientras hablaban, cada visitante
mordisqueaba parte del pasto del ciervo.
Al final, el pobre ciervo murió, no
por su enfermedad sino porque no ya no tenía de donde comer.
Más vale estar solo que mal acompañado.
1.023.5 Esopo
No hay comentarios:
Publicar un comentario