En el campo de un labriego había un
árbol estéril que únicamente servía de refugio a los gorriones y a las cigarras
ruidosas.
El labrador, viendo su esterilidad,
se dispuso a abatirlo y descargó contra él su hacha.
Suplicáronle los gorriones y las
cigarras que no abatiera su asilo, para que en él pudieran cantar y agradarle a
él mismo.
Más sin hacerles caso, le asestó un
segundo golpe, luego un tercero.
Rajado el árbol, vio un panal de
abejas y probó y gustó su miel, con lo que arrojó el hacha, honrando y cuidando
desde entonces el árbol con gran esmero, como si fuera sagrado.
Mucha gente hay que hace un bien sólo si de él recoge
beneficio, no por amor y respeto a lo que es justo. Haz el bien por el bien
mismo, no porque de él vayas a sacar provecho.
1.023.5 Esopo
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