Un Labrador colocó trampas en su
terreno recién sembrado y capturó un número de grullas que venían a comerse las
semillas. Pero entre ellas se encontraba una cigüeña, la cual se había
fracturado una pata en la trampa y que insistentemente le rogaba al labrador le
conservara la vida:
-Te ruego me liberes, amo -decía, sólo
por esta vez. Mi quebradura exaltará tu piedad, y además, yo no soy grulla, soy
una cigüeña, un ave de excelente carácter, y soy muy buena hija. Mira también
mis plumas, que no son como las de esas grullas.
El labrador riéndose dijo:
-Será todo como lo dices, pero yo
sólo sé esto:
Te capturé junto con estas
ladronas, las grullas, y por lo tanto te corresponde morir junto con ellas.
Quien se asocia con el malvado, con él perece.
1.023.5 Esopo
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