Partió un hombre para la guerra,
pero en el camino, oyendo graznar a los cuervos, tiró sus armas al suelo y se
detuvo.
Las tomó al rato nuevamente y
prosiguió su marcha; más otra vez graznaron los cuervos. De nuevo se detuvo y
entonces les dijo:
-¡Pueden gritar cuanto les venga en
gana, pero no tendrán un banquete con mi carne!
Cuando no se tiene determinación en las acciones, éstas
nunca se llegan a realizar.
1.023.5 Esopo
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