Llegado el invierno, un labrador
encontró una víbora helada de frío. Apiadado de ella, la recogió y la guardó en
su pecho. Reanimada por el calor, la víbora, recobró sus sentidos y mató a su
bienhechor, el cual, sintiéndose morir, exclamó:
-¡Bien me lo merezco por haberme
compadecido de un ser malvado!
No te confíes del malvado, creyendo que haciéndole un
favor vas a cambiarle su naturaleza.
1.023.5 Esopo
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