Un pobre tenía una estatuita de un
dios, al que suplicaba que le diera la fortuna; pero como su miseria no hacía
más que aumentar, se enojó, y cogiendo al dios por un pie, le golpeó contra la pared. Rompióse la
cabeza del dios, desparramando monedas de oro. El hombre las recogió y exclamó:
-Por lo que veo, tienes las ideas
al revés, además de ser un ingrato, porque cuando te adoraba, no me has
ayudado, y ahora que acabo de tirarte, me contestas colmándome de riqueza.
Nada ganamos elogiando a los ingratos o malvados, más se
consigue castigándolos.
1.023.5 Esopo
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