Algunas grullas escarbaban sobre
terrenos recién sembrados con trigo. Durante algún tiempo el labrador blandía
una honda vacía, ahuyentándolas por el pánico que les producía.
Pero cuando las aves se dieron
cuenta del truco, ya no se alejaban de su comida. El labrador, viendo esto,
cargó su honda con piedras y mató muchas de las grullas.
Las supervivientes inmediatamente
abandonaron el lugar, lamentándose diciendo unas a otras:
-Mejor nos vamos a Liliput, pues
este hombre ya no contento con asustarnos, ha empezado a mostrarnos lo que
realmente puede hacer.
Cuando las palabras no dan a entender, la acción sí lo
hará.
1.023.5 Esopo
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