Aprisionó el mal tiempo a un
labrador en su cuadra.
No pudiendo salir para buscar
comida, empezó por devorar a sus carneros; luego, como el mal tiempo seguía,
comió también a las cabras; y en fin, como no paraba el temporal, acabó con sus
propios bueyes.
Viendo entonces los perros lo que
pasaba se dijeron entre ellos:
-Larguémonos de aquí, pues, si el
amo ha sacrificado los bueyes que trabajan con él, ¿cómo nos perdonaría a
nosotros?
Cuídate muy en especial de aquellos que no temen en
maltratar a sus mejores amigos.
1.023.5 Esopo
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