Se fue a pique un día un navío con
todo y sus pasajeros, y un hombre, testigo del naufragio, decía que no eran
correctas las decisiones de los dioses, puesto que, por castigar a un solo
impío, habían condenado también a muchos otros inocentes.
Mientras seguía su discurso,
sentado en un sitio plagado de hormigas, una de ellas lo mordió, y entonces,
para vengarse, las aplastó a todas.
Se le apareció al momento Hermes, y
golpeándole con su caduceo, le dijo:
-Aceptarás ahora que nosotros
juzgamos a los hombres del mismo modo que tu juzgas a las hormigas.
Antes de juzgar el actuar ajeno, juzga primero el tuyo.
1.023.5 Esopo
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