Una serpiente se acercó
arrastrándose a donde estaba el hijo de un labrador, y lo mató.
Sintió el labrador un dolor
terrible y, cogiendo un hacha, se puso al acecho junto al nido de la serpiente,
dispuesto a matarla tan pronto como saliera.
Asomó la serpiente la cabeza y el
labrador abatió su hacha, pero falló el golpe, partiendo en dos a la vecina
piedra.
Temiendo después la venganza de la
serpiente, dispúsose a reconciliarse con ella; más ésta repuso:
-Ni yo puedo alimentar hacia ti
buenos sentimientos viendo el hachazo de la piedra, ni tú hacia mí contemplando
la tumba de tu hijo.
No es tarea fácil deshacer grandes odios.
1.023.5 Esopo
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