Hallábanse dos jóvenes comprando
carne en el mismo establecimiento. Viendo ocupado al carnicero en otro sitio,
uno de los muchachos robó unos restos y los arrojó en el bolsillo del otro.
Al volverse el carnicero y notar la
falta de los trozos, acusó a los dos muchachos.
Pero el que los había cogido juró
que no los tenía, y el que los tenía juró que no los había cogido.
Comprendiendo su argucia, les dijo el carnicero:
-Podéis escapar de mí por un falso
juramento, pero no escaparéis ante los dioses.
Los falsos juramentos no dejan de serlo aunque se
disfracen de verdad.
1.023.5 Esopo
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