Un día un anciano, después de
cortar leña, la cargó a su espalda. Largo era el camino que le quedaba.
Fatigado por la marcha, soltó la
carga y llamó a la
Muerte. Esta se presentó y le preguntó por qué la llamaba;
contestó el viejo:
-Para que me ayudes a cargar la
leña...
Por lo general, el impulso por la vida es más fuerte que
su propio dolor.
1.023.5 Esopo
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