Un ladrón se introdujo en casa de
un apicultor durante su ausencia, robando miel y panales. A su regreso, el
apicultor, viendo vacías las colmenas, se detuvo a examinarlas.
En esto, las abejas, volviendo de
libar y encontrándole allí, le picaron con sus aguijones y le maltrataron
horriblemente.
-¡Malditos bichos -les dijo el
apicultor, dejaron marchar sin castigo al que les había robado los panales, y
a mí que les cuido con cariño, me hieren de un modo implacable!
Muchas veces sucede que vemos con desconfianza a nuestros
amigos, pero por ignorancia le tendemos la mano a quien es nuestro enemigo.
1.023.5 Esopo
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