Instalado en la plaza pública, un
adivino se entregaba a su oficio. De repente se le acercó un quídam,
anunciándole que las puertas de su casa estaban abiertas y que habían robado
todo lo que había en su interior.
Se levantó de un salto y corrió,
desencajado y suspirando, para ver lo que había sucedido. Uno de los que allí
se encontraban, viéndole correr, le dijo:
-Oye, amigo: tú que te picas de prever
lo que ocurrirá a los otros, ¿por qué no has previsto lo que te sucedería a ti?
Siempre hay personas que pretenden dirigir lo que no les
corresponde, pero no pueden manejar sus propios asuntos.
1.023.5 Esopo
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