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viernes, 1 de noviembre de 2013

El pelicano ladron

En clase desaparecían lapiceros, gomas, pinturas, cuadernos... ¿Quién sería el ladrón? Nadie podía encontrar al culpable.
Un día, en el recreo, unos alumnos jugaban al escondite. Ranita buscaba un lugar donde esconderse. Un pelícano le dijo:
-Métete en mi pico; nadie te descubrirá.
La rana obedeció y, en efecto, no pudo ser descubierta. Pensando, la rana empezó a sospechar acerca del pico del pelícano. Sería un lugar ideal para guardar cosas robadas. Advertidos los demás alumnos por Ranita, vigilaron a Pelícano quien, confiado, seguía robando lo que podía.
Una tarde, después de clase, le siguieron, Acababa de robar unas cuantas cosas. Pelícano cavó con su pico un hoyo y enterró los objetos que había robado. En ese momento sus seguidores se echaron sobre él:
-¡Ya te tenemos! -gritó Ranita.
Así fue como se resolvió el difícil caso del robo del colegio.

«Siempre se descubre al ladrón.»

0.999.5 anonimo fabula 

El pececito de colores

Nadando, nadando, un pez de colores descubrió un pulpo que estaba aprisionado bajo una piedra. El pececillo se dispuso a acudir en su ayuda, pero la advertencia del pulpo le detuvo en seco:
-¡No te acerques a mí, pececito de colores! ¡Si tocas la arena que me rodea perderás tus bellos colores! -le avisó con voz lastimera, resignado a su suerte.
-Poco me importan estos colores que ahora tengo -contestó. Tú necesitas ayuda.
Y así lo hizo. Tras un rato de trabajo logró liberar al pulpo. En su esfuerzo se había manchado de arena y sobre sus escamas quedaba un tinte marrón oscuro como recuerdo de sus hermosos colores.
El pececito fue admirado en todo el océano por su bondad. Aunque sus escamas ya no tenían la belleza de antes, todos sabían que tenía muy buen corazón.

«Aunque te venga mal, siempre debes ayudar a los demás.»

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El payaso

Barro y sus amigos fueron un día a un circo ambulante que había llegado al pueblo. Lo pasaron bien, pero Barro se dio cuenta de que no había payasos. Habló con el director del circo y le propuso hacer de payaso. Todo el mundo se rió mucho con las payasadas de Barro.
El director le ofreció mucho dinero por actuar en su circo:
-No acepto dinero por hacer reír. Me conformo con tener dónde dormir y algo que comer -respondió él.
Desde entonces, Barro se convirtió en la estrella del circo ambulante y dedicó todas sus energías a alegrar a los demás.

«Qué bueno es hacer felices a los demás.»

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El pavo real y la grulla

El pavo real estaba muy orgulloso de su plumaje. Un día invitó a comer a una grulla, vecina suya muy simpática y aguda.
-¿Quién puede igualarme en belleza y presencia? -decía el pavo real. Basta con que abra mi maravillosa cola para que todo el mundo me admire. Es realmente la más hermosa de todas.
-Sí, pero yo puedo volar y ver desde el cielo las maravillas de la Tierra -replicó la grulla.
-Es verdad, cada uno tiene cosas buenas.
Lo que ocurre es que nunca nos conformamos con lo que tenemos, ¿no es cierto, vecina?
-Desde luego. Mejor haríamos en alabarnos mutuamente.
Nunca más volvieron a rivalizar por tonterías el pavo real y la grulla.

«Todos tenemos algo que nos enorgullece.»


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El pavo real

Había una vez un pavo real que no perdía el tiempo arreglándose el plumaje. Sólo dedicaba algunos minutos diarios a su aseo personal. Decía en público:
-Algunos de mis colegas no dejan de pavonearse, ¿es esa la cualidad más importante de un pavo real?
Un día cayó a un estanque una bella mariposa. El pavo real, que estaba cerca, se lanzó al agua en su ayuda sin pensarlo un momento, pues no había tiempo que perder. Con gran rapidez la puso a salvo, pero él empezó a tener problemas. Su cola, ya empapada, pesaba mucho y le arrastraba al fondo.
Entre tanto, la mariposa fue en busca de ayuda y pronto nuestro buen pavo real es tuvo fuera de peligro.
-Lo importante es que nos hemos salvado -le dijo el pavo real a la mariposa.
-Sí, pero tu cola se ha estropeado por mi culpa -replicó ésta, muy entris-tecida.
-Eso no cuenta, te lo aseguro. Vamos a celebrar nuestro éxito -le tran-quilizó.


«Hay que valorar lo que uno posee y no dar importancia a lo que no la tiene.»

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El pato presumido

Patín era un presumido que se creía superior a los demás. Siempre iba impecablemente vestido.
-iPatín, ven con nosotros a jugar al estanque! -le dijo un día Gansito, muy animado.
-¡Bah, al estanque! Yo soy un pato elegante -contestó Patín con ese tono orgulloso con que siempre hablaba.
Sus amigos decidieron gastarle una broma. Un día que estaban en la orilla de un riachuelo, uno de ellos gritó:
-¡Socorro, fuego, hay fuego en el bosque!
Sin pensárselo dos veces, Patín se lanzó de cabeza al agua. Del golpe se le torció el pico y además quedó todo cubierto de lodo. Cuando salió parecía un pingajo sucio y sus amigos se rieron de su aspecto. iCuánto sufrió Patín! Pero aprendió la lección y desde ese día fue el patito más simpático y modesto del grupo.

«El presumido y orgulloso a veces necesita recibir una lección de humildad.»

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El pato guason

Don Pato trabaja mucho y quiere descansar, pues lo necesita. Un día se le ocurrió una idea, así que le dijo a sus hijos:
-Me voy a dar un chapuzón en la piscina. ¡Allá voy!
Aunque hacía calor todavía no era época de bañarse, y el agua estaba muy fría.
-¡Me voy a tirar al agua vestido! -y empieza a bañarse ante la sorpresa de sus hijos, que no pueden creer lo que ven.
-Pero... ¡papá! ¡Llevas el reloj puesto!
¡Pobre don Pato! ¡Se ha quedado sin su bonito reloj! Vaya disgusto más grande. ¡Qué fácilmente sustituye el llanto a la alegría!


«Si no te quieres disgustar,  prevenido has de estar.»

0.999.5 anonimo fabula