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miércoles, 25 de septiembre de 2013

El mapache herido

Un mapache que estaba jugando, se estaba divirtiendo tanto que se distrajo, se cayó del árbol y se hizo una herida. Tuvieron que cortarle parte de la piel y quedó muy feo.
Sus amigos se reían en cuanto lo veían y no querían jugar con él.
Cuando sus heridas se curaron volvió a ser un animal hermoso y lleno de vitalidad.
Sus amigos quisieron volver a jugar con él. Pero él ya se había acostumbrado a la soledad y no le apetecía estar con ellos.

«A los amigos nunca debes despreciarlos.»

0.999.5 anonimo fabula,

El mal tirador

Cientos de animales disfrutaban de la fiesta. De pronto apareció don Oso y todos se quedaron mirándole pues tenía fama de agua-fiestas. Don Oso se acercó a la caseta de tiro al blanco. El premio del que diera en el blanco era un gran puro. Don Oso cogió una escopeta y todos los que estaban alrededor corrieron a esconderse. Don Oso apuntó a la diana pero, en el momento de disparar, tropezó con su pierna un gato que jugaba persiguiendo a un ratón. El tiro salió desviado y dio en el trasero de don Mapache, que estaba robando un caramelo a doña Pata.
Todos se pusieron muy contentos de que el tiro hubiera servido para coger al ladronzuelo. El dueño de la caseta regaló el puro a don Oso para que siguiera tirando. Desde entonces don Oso ya no tiene mala fama.

«Cuando vayas a las fiestas no seas aguafiestas.»

0.999.5 anonimo fabula,

El maestro uva

A don Oso, el maestro, todos le llamaban el «maestro Uva» porque todos los días merendaba uvas en un descanso de la clase. Solía guardarlas en un paquete sobre la mesa. La liebre y el castor presumían de ser los más traviesos de la clase. Un día quisieron gastar una broma a don Oso. En una distracción, le quitaron las uvas del paquete y las cambiaron por trocitos de carbón. A la hora acostumbrada, don Oso echó mano del paquete, pero no lo cogió.
-Don Oso, ¿por qué no quiere comerse usted hoy las uvas? Están muy ricas.
-No puedo, tengo que ir al médico dentro de una hora con el estómago vacío. ¿Queréis coméroslas vosotros?
-¡No, no, de verdad! ¡Muchos gracias, no nos gustan las uvas! -respondieron.
De este modo, los dos traviesos alumnos se quedaron con las ganas de reírse a costa del profesor, pues éste no se había enterado de la broma que le habían preparado.

«Las bromas pesadas se pagan.»

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El loro sabio

Don Loro había viajado por medio mundo acompañando al maharajá de Jaipur, donde era muy apreciado porque contaba unos cuentos muy divertidos que hacían reir a toda la corte.
Sin embargo, aunque muy feliz, llegó un día en que aburrido de vivir siempre en palacios, decidió fugarse en busca de nuevas aventuras. Tras mil penalidades, llegó a la selva malaya. Don Loro pensó que tenía que ganarse la vida de alguna forma y, como era muy buen orador, decidió contar sus numerosas aventuras a los habitantes de la selva. Al cabo de unos años fue nombrado Poeta y Cantor del Reino de la Jungla. Desde entonces ha sembrado de sueños v esperanzas los corazones de sus amigos y vecinos.

«Es bueno escuchar y ser capaz de soñar con las aventuras que los demás pueden contar.»

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El loro parlanchin

En el pueblo de los loros había un loro que envidiaba a los demás. Para fastidiarles, divulgó la historia de que el pueblo iba a ser atacado por unos perros malísimos para robarles todo lo que pudiera.
-iRápido, huyamos a las montañas y no cojamos más que lo indispensable! -exclamó el loro envidioso.
Todos le hicieron caso y se fueron bien lejos. Al verse solo, el loro exclamó satisfecho:
-Ja, ja, ja! ¡Han caído en la trampa! Voy a comerme el helado más grande que encuentre. iHum! Qué rico estará.
Pero un lorito, que había vuelto al pueblo a buscar un juguete que se le había olvidado, escuchó las palabras del envidioso y se fue rápidamente a contárselo a los demás. Los loros regresaron y pillaron al loro envidioso antes de que pudiera tomarse su helado preferido, y lo metieron en el cuarto oscuro de la heladería para que aprendiera.

«Antes se coge al mentiroso que al cojo.»

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El locutor

Ratoncín es el locutor más famoso de Radiolandia. Todos los días despierta a sus oyentes más o menos así:
-¡Señoras y señores, qué día tan magnífico!
También hace llamadas telefónicas. En ellas pregunta la opinión de los oyentes. Hoy ha llamado a don Ciervo, que es uno de los ciudadanos que peor humor tiene. Don Ciervo le ha colgado el teléfono después de insultarle. Pero a Ratoncín no le importa; por cada ciudadano como don Ciervo hay muchos más que le quieren y oyen su programa todas las mañanas.

«Es de agradecer el que alguien te alegre la vida con su buen humor.»

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El lobo y la luna

El lobo estaba muy hambriento y no encontraba nada que comer cerca.
Cuando vio al zorro, se dirigió hacia él con intención de comérselo. El zorro entonces, bastante asustado, gritó bien fuerte:
-¡Perdóneme la vida, señor lobo! ¡Ya ve lo flaco que estoy! Si me perdona, le diré dónde hay un pozo lleno de quesos.
El lobo accedió. Ya de noche, el zorro le condujo al pozo. El lobo se asomó y vio la luna reflejada en el agua, y, creyendo que era un queso, dijo al zorro:
-Baja a traerme ese queso -y el otro se metió en un cubo y bajó al fondo del pozo
-¡Este queso es muy pesado! ¡Yo solo no puedo con él! ¡Baje y ayúdeme, por favor -dijo el zorro lastimero.
El lobo accedió. Se metió en otro cubo y, como pesaba más que el zorro, bajó muy rápido mientras que el cubo del zorro subía. Ya fuera, éste se burló del lobo y le dejó allí.

«Con astucia es fácil engañar.»

0.999.5 anonimo fabula,