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miércoles, 25 de septiembre de 2013

El lobo y el cabrito

Había una vez un cabrito muy revoltoso. Un día abandonó el rebaño pues deseaba viajar y además le molestaban mucho los continuos ladridos de los perros del pastor.
-¡Ah, por fin libre! No pienso volver nunca más al rebaño -se dijo satisfecho.
No había dado más que unos pocos pasos cuando le salió al encuentro un lobo enorme con las fauces abiertas y los ojos muy brillantes. Se lo quería comer.
-¿Me concedes un último deseo, noble lobo? -preguntó el cabrito.
-Naturalmente -contestó el lobo- tengo hambre, pero no soy un malvado. Dime en qué deseo piensas.
En ese momento, el cabrito supo que estaba salvado, pues comenzó a tocar una flauta que llevaba consigo. La música llegó a oídos de los perros que guardaban el rebaño y acudieron a toda prisa y el lobo tuvo que huir. De esta forma el cabrito pudo salvar su vida.

«Ser astuto ante el peligro es una buena cualidad.»

0.999.5 anonimo fabula,

El lobo solitario

Don Lobo vivía solo en su castillo porque no le gustaba juntarse con los habitantes del pueblo de Borregueras, llamado así porque todos sus habitantes eran borregos. Don Lobo decía que eran unos borregos incultos e ignorantes.
La vida de don Lobo era tranquila, hasta que un día se desencadenó una gran tormenta. Todos los vecinos del pueblo se reunieron en el ayuntamiento para animarse mutuamente. Don Lobo, en cambio, estaba solo en su castillo sin nadie que le diera ánimos.
La tormenta duró tres días espantosos en los que hubo multitud de rayos y truenos.
Cuando pasó, el alcalde y varios vecinos fueron a ver cómo estaba don Lobo. Este les agradeció mucho la visita y desde entonces se ha vuelto más sociable con sus vecinos.

«No esperes a tener la ayuda de tus compañeros para ser sociable.»

0.999.5 anonimo fabula,

El lobo fanfarron

Un lobo asustaba a todos los animales del bosque con su terrible aspecto. Siempre estaba al acecho de cualquier víctima indefensa.
Al pasar delante de un castaño hueco, Ratoncín y Ardillita tuvieron una brillante idea para librarse de él definitivamente.
-Pondremos un espejo en el hueco del tronco -dijo Ardillita, ilusionada. Lo demás corre de cuenta de este lobo fanfarrón.
Ambos dijeron a todo el mundo que un lobo muy feroz se había instalado en el tronco hueco y desafiaba a todos los demás lobos de la región.
Enterado el lobo fanfarrón de que alguien osaba desafiarle, colérico y echando chispas por los ojos, se dirigió al castaño hueco con su más terrible aspecto.
¡Cuál no sería su sorpresa al descubrir ante él un lobo tan horrible y fiero! Sintió tanto pavor que echó a correr. Dicen que todavía sigue huyendo.

«Si eres fanfarrón nunca debes hacerte el remolón.»

0.999.5 anonimo fabula,

El lobo conductor

Nunca estamos contentos con lo que tenemos. Ved, si no, el ejemplo de don Lobo, un conductor de autobuses a quien no le gustaba su oficio ni pizca. ¿Resultado? Don Lobo se pasaba buena parte del trayecto chillando y protestando por cosas sin importancia. Hacía pagar a los usuarios su malhumor.
-¡Venga, a ver si suben ustedes de una vez! ¿Es que están dor-midos o qué? ¡Ay, señor, menudo oficio el mío!
Naturalmente, los pasajeros se desconcertaban ante la conducta de don Lobo, quien, al final del trayecto, tenía por costumbre tomar-se un descanso más largo de lo habitual. A veces llegaba a pasarse media hora recostado sobre un árbol que estaba junto a la parada, lo que representaba una gran pérdida de tiempo para centenares de animales que iban a trabajar con la hora pegada al lomo y acababan llegando tarde.
Numerosas protestas contra don Lobo se recibieron en la empresa propietaria de la línea de autobuses. El irritable conductor fue amonestado en varias ocasiones, pero, como no hacía el menor caso, finalmente fue relevado de su puesto.
El Ayuntamiento, a cuya plantilla pertenecía don Lobo, dedicó a éste a las tareas de barrendero.
Don Lobo notó el cambio. Por vez primera comprendía que hay oficios más desagradecidos que el de conducir autobuses.
-¡Oh, qué pesadilla! ¡He perdido mi antiguo empleo! ¡Si pudiera volver a sentarme en ese cómodo sillón del autobús y seguir conduciendo...! -se lamentaba don Lobo.
Era demasiado tarde para arrepentirse. Por fortuna, don Lobo pudo obtener otro empleo conduciendo un autobús y ya nunca más volvió a protestar contra su oficio de conductor. ¿Qué hace ahora? Bueno, me han dicho el otro día que conduce microbuses. ¡Si vieseis con qué alegría lo traba ja!

«Agradece lo que tienes.»

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El lobo bonachon

Lobete ha sido expulsado de la manada por no querer participar en las cacerías.
-¿Qué voy a hacer ahora? -se pregunta Lobete, abandonado en el bosque.
-No te preocupes -le dice Castor saliendo de su escondite. Mis amigos y yo cuidaremos de ti. ¡Se me ocurre una idea! Podrías encargarte de protegernos, ya que tu sola presencia sembrará el pánico entre nuestros feroces enemigos. ¿Quieres?
-¡Oh, sí, claro que sí! -contesta Lobete alborozado por el elogio de su buen amigo el castor.
Los indefensos animalitos del bosque se han puesto muy contentos de tener a alguien que los defienda. ¡Qué útil se siente ahora Lobete!

«Unos no sirven para unas cosas y son útiles para otras.»

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El lobito guardian

Lobito era el guarda del bosque y hacía su trabajo lo mejor posible. Creía que el bosque estaba para ser contemplado y disparaba contra cualquier animal que pretendiera comerse los frutos de los árboles.
Conejos y ardillas se reunieron para ver qué podían hacer y decidieron quitar la escopeta al guardabosques Lobito.
Un día, mientras Lobito dormía la siesta bajo un árbol, se apoderaron del arma. Desde ese momento, todos los animales volvieron a comerse los frutos del bosque. Lobito reflexionó y comprendió que los frutos no estaban de adorno, crecían para que pudieran comer los habitantes del bosque.
A partir de entonces, Lobito fue un guardián tolerante y comprensivo que sólo intervenía cuando surgía alguna disputa.

«Con poca inteligencia no se está capacitado para mandar.»

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El lobito desordenado

Lobito tenía un defecto: era muy desordenado, su habitación era un caos.
-Lobito, ¿por qué no te fijas dónde pones las cosas? -le decía su padre.
-Yo pongo todo en su sitio, pero ¿qué quieres que le haga si se me olvida dónde lo he puesto? -se justificaba Lobito con mucha sinceridad.
-Este balón es el último que te compre. Si lo pierdes, no tendrás otro nunca más ¿Entendido? -le dijo Papá Lobo un día.
Como siempre, Lobito volvió a perder el balón. Su padre cumplió su promesa y Lobito se convenció de que sólo pueden comprarse cosas que van a ser bien tratadas y cuidadas.

«Ser ordenado tienes su recompensa.»

0.999.5 anonimo fabula,