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jueves, 19 de septiembre de 2013

Dos medicos

Un Viejo Inicuo, sintiéndose enfermo, envió por un médico, que le recetó unas medicinas y se fue. Entonces el Viejo Ini­cuo envió en busca de Otro Médico, al que no le dijo nada del anterior; este nue­vo médico le prescribió un tratamiento completamente diferente. Esto continuó durante unas semanas: los médicos lo vi­sitaban en días alternados y lo trataban por dos desórdenes distintos, con dosis de medicina en constante aumento y cuida­dos cada vez más rigurosos. Pero un día se encontraron accidentalmente junto a su lecho mientras él dormía, y al salir a luz la verdad, una violenta disputa se pro­dujo.

-Mis buenos amigos -dijo el pacien­te, despierto por el ruido de la discusión, y adivinando su causa, les ruego que sean más razonables. Si yo pude soportarlos a los dos a la vez durante semanas, ¿no pue­den soportarse entre ustedes un ratito? Ha­ce diez días que me siento bien, pero me he quedado en cama con la esperanza de obtener mediante el reposo las fuerzas que me harían falta para tomar sus medicinas. Hasta ahora no las he tocado.

1.007.5 Briece (Ambrose)

Diplomacia

-¡Si usted no somete mi reclamo a ar­bitraje -escribió el Presidente de Omohu al Presidente de Modugy, tomaré inme­diatas medidas para satisfacerlo por mis propios medios!
-Señor -contestó el Presidente de Modugy, puede irse al diablo con su amenaza de guerra.

-Mi gran y buen amigo -escribió el otro, usted confunde el carácter de mi comunicación. Es un antepenultimátum.

1.007.5 Briece (Ambrose)

Desengaño

Un Perro que había estado persiguien­do su propia cola abandonó la caza y se echó a reposar, encogido. En su nueva postura, descubrió que su cola estaba al alcance de sus dientes. La mordió con avi­dez, pero la soltó de inmediato, respingan­do por el dolor.

-Después de todo -dijo, hay más alegría en la persecución que en la pose­sión.

1.007.5 Briece (Ambrose)

De lo general a lo particular

Un Hombre Sincero le dijo a su Esposa:
-No puedo permitir que me imagines mejor de lo que soy. Tengo muchos vicios y debilidades.
-Eso es sólo lo natural -dijo ella, son­riendo dulcemente; ninguno de nosotros es perfecto.
Envalentonado por su magnanimidad, él le confesó una mentira particular que le había dicho una vez.
-¡Abominable canalla! -gritó ella, y golpeó tres veces con sus manos.

Apareció un gigantesco esclavo nubio, que despachó al marido con una cimitarra.

1.007.5 Briece (Ambrose)

Consuelo

Un Gran País había reivindicado su co­raje y su bravura a través de quince derro­tas en las cuales las tropas enemigas no su­frieron ninguna baja, y su Primer Ministro pidió la paz.
-No seré duro con ustedes -dijo el Vencedor: conservarán todo excepto sus colonias, su libertad, el crédito y su auto­estima.

-Ah -dijo el Primer Ministro, usted es verdaderamente magnánimo; nos deja nuestro honor.

1.007.5 Briece (Ambrose)

Compensacion

Dos Mujeres en el paraíso reclamaban a un Hombre que acababa de llegar.
-Yo fui su esposa -dijo una.
-Yo su amante -señaló la otra.
San Pedro le dijo al hombre:

-Baja al Otro Lugar... Ya has sufrido bastante.

1.007.5 Briece (Ambrose)

Como se llega al ocio

Un Hombre para Quien el Tiempo era Oro, que estaba engullendo su desayuno, muy apurado por atrapar un tren, había apoyado el periódico contra la azucarera y leía mientras comía. En su apuro y abs­tracción, se clavó un tenedor en el ojo de­recho, y al extraer el tenedor, el ojo salió con él. Desde entonces, cada vez que compraba anteojos, se veía obligado a de­rrochar inútilmente su dinero en cristales para el ojo derecho, y este dispendio lo re­dujo pronto a la pobreza, por lo cual el Hombre para Quien el Tiempo era Oro se vio obligado a ganarse la vida pescando desde la punta de un muelle.

1.007.5 Briece (Ambrose)